El poderoso arte visual de la URSS, motor del cambio social antes de las purgas de Stalin

JOSE ÁNGEL GONZÁLEZ

  • Muestran en Nueva York una antología de la vanguardia soviética desde la revolución de 1917 hasta 1932, cuando el estalinismo impuso el canon del realismo socialista.
  • La colección resalta el inteligente, radical y valiente uso del impacto artístico como vehículo para el cambio social en un país con el 70% de tasa de analfabetismo.
  • 'El poder de las imágenes' incluye obras del colectivo Octubre de Ródchenko e Ignatovich, de la Asociación Rusa de Fotógrafos Proletarios....

Arkady Shaikhet, Express, 1939

"La pintura ha muerto", declaró en 1921, con la taxativa firmeza que sólo un revolucionario puede profesar, el artista visual soviético Aleksandr Ródchenko (1891-1956). Además de la profecía, que no llegó a buen puerto, el aserto contenía una declaración de intenciones estéticas: los artistas que comulgaban con la Revolución Rusa de 1917 querían usar sus habilidades para cambiar la sociedad. Las ansias de libertad y buenas intenciones cívicas y sociales duraron tan poco como una mala primavera: a comienzos de la década de los años treinta el estalinismo cortó de cuajo las aspiraciones de la vanguardia.

Pese al final triste del asunto, el imaginario que crearon los artistas visuales rusos y soviets es de un poder tal que aún sigue siendo fuente de inspiración para la plástica contemporánea, la cartelería y la industria publicitaria. La exposición The Power of Pictures: Early Soviet Photography, Early Soviet Film (El poder de las imágenes: temprana fotografía y cine soviéticos) reúne una selección de aquellos radicales y valientes creadores movidos por dos fuerzas que consideraban trascendentes como deberes morales: el deseo de cambio social y la necesidad imperiosa de lograrlo con ayuda de lo experimental.

También se proyectan doce películas

La muestra, en el Museo Judío de Nueva York hasta el 7 de febrero de 2016, reúne desde obras constructivistas de Ródchenko y El Lisitki, a las imágenes modernistas de Arkady Shaikhet y Max Penson, un par de olvidados artistas soviéticos que jugaron un papel fundamental en la historia de la fotografía moderna. La exposición se complementa con un ciclo de cine en el que serán proyectadas una docena de películas del periodo, desde obras bien conocidas de Serguéi Eisenstein y Dziga Vértov hasta largometrajes de autores menos difundidos como Grigory Kozintsev y Yakov Protazanov.

La pretensión de los organizadores es examinar cómo la fotografía, el cine y el arte del cartelismo "fueron aprovechadas para difundir la ideología comunista" y los artistas actuaron como "motores del cambio social" en un país donde el 70% de la población era analfabeta en el momento en que los soviets derrocaron al zarimo. Las casi 200 piezas fotográficas y obras gráficas que se muestran enfatizan con una "estética radical" la necesidad de una "profunda transformación social".

'Proféticos'

Las innovaciones de los artistas soviéticos son "muy relevantes e incluso proféticos para la actualidad", dice Jens Hoffmann, director adjunto del museo. "En un momento en que la relación entre el arte y la política está mal definida, es oportuno mirar hacia atrás, hacia un período de enorme sinergia entre la creación artística y la acción política extrema".

Además de obras poco conocidas del colectivo Octubre, un grupo de creadores de varios campos coordinados por el infatigable Ródchenko y Boris Ignatovich, uno de los mejores fotógrafos del primer tercio del siglo XX,se pueden ver imágenes de la Asociación Rusa de Fotógrafos Proletarios. Todos los artistas tenían en cuenta, como había indicado Lenin, que la cámara era un "arma importante en la lucha de clases" y las imágenes tenían el poder de "transformar la sociedad".

'Definir un nuevo estilo'

Hay por lo tanto cierto didactismo populista en los mensajes, pero resuelto con grandes y novedosos planteamientos estéticos. Los artistas de vanguardia "estaban decididos a definir un nuevo estilo y utilizar el potencial inherente del medio para dinamizar y ampliar la propia naturaleza de la fotografía". El régimen alentó inicialmente este afán de experimentación, instando a los artistas visuales a buscar un nuevo lenguaje —planos infrecuentes, manipulaciones en el cuarto oscuro, fotomontajes y collages...— que conciliase la creación plástica con la nueva sociedad en construcción.

Pero el período de intensa innovación fue breve. En 1932, cuando Stalin se consolidó como dictador autárquico, los estilos independientes dejaron de ser tolerados y cualquier artista de vanguardia se convirtió de inmediato en sospechoso. Los colectivos creativos fueron disueltos y reemplazados por los sindicatos estatales y el arte quedó sujeto a un estricto control estatal que implicaba la sumisión al canon del llamado realismo socialista.

El artista más activo e influyente de los primeros y fértiles momentos, Ródchenko, fue acusado de "formalista" y expulsado del grupo Octubre. A comienzos de la década de los años cuarenta dejó de hacer fotos. De forma esporádica pintó óleos abstractos y se ganaba la vida en silencio como comisario de exposiciones oficiales. Otros tuvieron peor suerte y fueron estigmatizados como contrarrevolucionarios e internados en los campos de la muerte siberianos.










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