Hellen van Meene, la fotógrafa de 'adolescentes flotantes' que tiene siempre presente a Velázquez

JOSE ÁNGEL GONZÁLEZ

  • La retratista holandesa, que ha consolidado un estilo característico durante los últimos veinte años, expone por primera vez en un museo.
  • 'Los años correrán como conejos', en el Fotomuseum de La Haya, muestra sus retratos intemporales, misteriosos y siempre con luz natural a preadolescentes.
  • Busca referencias en los cuadros de Velázquez o los prerrafaelistas y nunca pone título a las fotos porque las considera momentos singulares.

Hellen van Meene, Zonder titel, 2014

Cuando Hellen van Meene (Alkmaar-Holanda, 1972) toma una fotografía de la que se siente plenamente satisfecha hace dos cosas. Primero, no la comparte con nadie, no la muestra, enseña o publica en plataformas digitales, porque considera que ha de pasar el tiempo y la imagen "debe crecer por sí misma". Segundo, no le pone título. Considera que las fotos no tienen nombre, hablan por sí mismas y son "momentos singulares" que no necesitan ser bautizados.

Otros argumentos son previos al paso de la copia a papel. Van Meene, que en los últimos veinte años ha logrado desarrollar un estilo distintivo —sus retratos son característicos y puede adivinarse la autoría al primer vistazo—, tiene muy en cuenta el papel de la luz como protagonista no tangible de cada toma. Se ha dicho que antes de tomar las fotos incluso piensa en obras concretas de sus pintores más queridos: Velázquez, Botticelli y los los prerrafaelistas del siglo XIX.

La edad fuera del tiempo

La artista holandesa expone hasta el 29 de noviembre en el Fotomuseum de La Haya la colección The Years Shall Run Like Rabbits (Los años correrán como conejos). Es su primera gran muestra en un museo y traza un tapiz de misterios con varios hilos: la preadolescencia, la edad flotante y fuera del tiempo en que los niños empiezan a dejar de serlo, el misterio, las situaciones de delicado surrealismo que ella misma propone a los críos y, siempre, la iluminación natural —nada de focos o flashes como la mejor de la escenografías.

La exposición, que lleva el mismo título que el último libro de la fotógrafa, que acaba de editar Aperture [256 páginas y un PVP de 52 euros], es un recorrido por 90 imágenes donde priman la vulnerabilidad de los modelos, valiente pese a la inseguridad de la edad, y la imaginativa honestidad de Van Meene. La tensión es el tercer componente de la mezcla, pero se trata de una incertidumbre que también puede ser vista como inocencia, franqueza o como una serie de preguntas sin respuesta posible sobre, como dice la fotógrafa, la "velocidad de la vida".

Figura de cera

Los protagonistas de esta colección seductora y enigmática, con mayor frecuencia crías, pero también niños, perros y otros animales, no muestran sentimientos, al menos ninguno de los habitualmente reconocibles: no hay sonrisas ni tristeza, sino una suerte de pasmo escéptico. Los modelos parecen estar soñando en estado de vigilia: una niña se coloca bajo el grifo de un lavadero, otra cuelga una pierna de una barra de un parque en una postura forzada pero sin aparente incomodidad, una tercera aparece con la sudadera envolviendo su torso y el tronco de un árbol, otra introduce la cabeza en una papelera, una más posa con la misma impasibilidad que una figura de cera en un salón semiabandonado...

Van Meene elige a los modelos de su círculo social inmediato o los selecciona en la calle. No concede importancia a las condiciones personales de cada uno porque considera que la "la identidad del sujeto es irrelevante" y la foto es "un mero momento en el tiempo". El esfuerzo de la artista está en la cuidadosa escenificación por el fotógrafo, que suele emplear la misma meticulosidad en la elección de los chicos y de los escenarios, con frecuencia estancias de domicilios antiguos que parecen detenidos en el tiempo.

Confuso y abierto

Aunque los preadolescentes flotantes siguen fascinando a Van Meene, el éxito de su estilo la ha llevado a desarrollar trabajos de encargo sobre animales —los ya mencionados perros, pero también gallinas— y temas más cercanos a lo documental niños en África, jóvenes en Tokio—, pero la mirada de esta fotógrafa sigue siendo la misma: intimidad y un deje confuso y abierto.

"No se trata de belleza o no", afirma."Mis fotos pueden estar basadas en el estilo de los chicos, el pelo, la piel, sin son gordos, pecosos... Busco dentro de ellos e intento sentir. Busco con mis entrañas y no con mis ojos".










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